Limitarnos a colocar a una cultura o forma de pensar en una postura o adaptación conforme a nuestra educación y percepción de la realidad es lo que comúnmente denominamos como ignorancia o retrógrada.

No es necesario defender o tomar una postura más amigable cuando hablamos de temas poco recurrentes de la sociedad como las drogas, la prostitución, el movimiento LGBT, entre otros. Simplemente el acto de respetar -que hoy en día es sinónimo de mantenerse callado- es suficiente para no entrometerse a lo “políticamente correcto” o lo que el sigo XXI llama igualdad y confunde con ética.

La cita se formó en la prematuros 1900. Exactamente en el 1901, cuando se empieza a ver ante unos ojos muy cegados el mundo del entretenimiento barato, veladas inolvidables, danzas y malas pasiones.

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Corre la presidencia de Porfirio Díaz, fue una redada policial lo que causó alboroto en calles de la Ciudad de México, en la noche del 18 de noviembre de 1901. En la colonia Tabacalera, en un baile al que se le llamó como “El baile de los 41”. También conocido como el baile de los cuarenta y un maricones. Se estaría realizando en una vivienda donde asistieron 22 personas vestidos como hombres y otros 19 vestidos como mujer. Sí, todos hombres, claro.

La prensa estaba vuelta loca, quería enterrar el escándalo lo más profundo que se pudiera y callar los chismes que iban de boca en boca. Otro factor que hacía imposible la tarea es que en ese baile asistieron miembros de élite del gobierno de Porfirio, incluyendo a Ignacio de la Torre y Mier, yerno del entonces presidente, siendo uno de los escándalos más sonados del siglo 20 en México.

Más de cien años han pasado para retomar el tema, darle un concepto, aceptarlo, odiarlo, ignorarlo e incluso apoyarlo. ¿Cómo fue que una cultura ha pasado a través de los años tras rumores, espectáculos, noticias y marchas hasta convertirse en un movimiento social? Veamos un resumen de las personas que hicieron posible el desfile de miles de personas dispuestas a obtener un lugar y voz en esta ciudad.

En el México de los 80, El Nueve era el primer bar gay que no se asumía con vergüenza. Exclusivo y para las clases altas, en sus inicios brindó un cóctel en el que estuvieron María Félix y Lola Flores. Su madrina y protectora era Xóchitl, la travesti más poderosa de su país: pasó de vender flores a alquilar un edificio entero y convertirse en un símbolo público de los homosexuales en México.

Quien sería el directo responsable de fundar el bar El Nueve lleva el nombre de Henri Donnadieu, un extranjero que buscaría refugio en las calles de la Ciudad de México. Tras varios romances sin éxito y una carrera como host y cabeza de los eventos más famosos de la cultura Underground en los 80’s, Henri abre la puerta a personas que necesitaban cansadas de ocultarse del odio y la confusión para empezar a dar volumen a una causa que, con el tiempo, llevó a esta invisible sociedad tomar las calles, los medios, la cultura popular a algo cotidiano.

“Tú siempre sabes quien eres, es la sociedad la que se confunde.”

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Actualmente se tiene como tradición la práctica de marchar en el mes de Junio en varias ciudades de la República a favor del significado de las siglas LGBT. Muchos con la excusa de sólo ir a exhibir lo que alguna vez consideraron sagrado, de vestir de la forma que desean, de festejar con miles más que se unen a la causa, de luchar por sus intereses y por ser parte de la sociedad, que hoy en día, es menos incluyente. Puedes encontrar extractos de historias y anécdotas interesantes sobre el otro lado de la sexualidad y el auge del movimiento en México a través del libro: “Tengo que morir todas las noches” de Guillermo Osorno, texto que sirvió de inspiración para este primer artículo en Relevant.