Breaking Bad presentó uno de los mejores finales de las series televisivas, además de ser pionera en calidad estilo cinematográfico. Ahora, 6 años después de su emblemático final en el que Jesse Pinkman (Aaron Paul) es liberado de su cautiverio y Walter White (Bryan Cranston) muere, llega un epílogo que le permite tener al primero un cierre, ¿era necesario? no precisamente, pero Netflix creyó que sí, y estrena en su plataforma El Camino.

 

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Después de que Pinkman logra escapar a través de “El Camino” se enfrenta a un abismo  de dudas, miedos y posibilidades que no serán fáciles de sortear y necesitará toda la ayuda posible, así como el valerse por sí mismo. En este ámbito el guion triunfa de sobremanera. Le permite al actor mostrar una montaña rusa de emociones y de matices que van desde el miedo, la locura, la desesperanza y culminan en alegría. Todo esto acompañado de referencias que son el complemento perfecto para satisfacer el fan service. Al final del día esta película es para los fanáticos, para aquellos que se quedaron con un vacío y una necesidad por ver en qué culminaba Pinkman sin agregarle más que la satisfacción de ver el cierre de arco del personaje, al que se le ha otorgado una segunda oportunidad.

En cuanto a técnicas es impecable; sigue manteniendo la calidad que caracterizó a la serie. Tomas, encuadres, secuencias, time lapses, enfoque y detalle en las locaciones que de manera nostálgica será como estar viendo un capítulo de Breaking Bad ¿El problema? Es que es uno de esos que daba introducción e información antes de que otro llegara a un punto más alto. No hay que malinterpretar, es buena, está bien hecha; pero pudieron haberla hecha y no pasaba nada, pude haberla no visto y mi vida seguiría igual.

 

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Esta película deja calma y un final en el camino de esta historia que comenzó cuando a un simple maestro de química le da cáncer y cambió no sólo la vida de un chico recién salido de preparatoria sino la de miles de televidentes que siguen siendo fanáticos de sus venturas y desventuras.