Cuando pensamos en Francia nos puede venir a la mente su cine, su literatura, sus museos, su idioma, su arquitectura; y podemos fantasear con la idea de que en dicho país hay una vida mejor que sólo Europa podría ofrecer. Todas esas expectativas se vienen a bajo cuando vemos ‘Los Miserables’.

Esta cinta estuvo nominada en a categoría a Mejor película extranjera y cuenta la historia de un policía que llega a una nueva zona en la que se topa con compañeros que ejercen su poder sobre los migrantes. Tan sólo en su segundo día se enfrenta a que uno de sus compañeros de manera accidental o no rocía con gas a un pequeño que se la vive metiéndose en problemas. Después de eso, los uniformados se enfrentan a una rebelión por parte los infantes, dejando ver como el sistema arrastra poco a poco a los más vulnerables hacia una miseria que parecería no tener fin.

El ritmo se puede sentir lento y a momentos parecería que no nos están contando nada. Por otra parte, los momentos en que el jefe de policía abusa de su autoridad se sintiera como si estuviéramos viendo un escenario mexicano, en el que la justicia no existe y los que menos tienen en cuestión económica son los primeros en perecer.

La lentitud de la historia se termina por comenzar por el climax de la cinta, esta rebelión en la que “los miserables” niños preparan una emboscada en contra de sus opresores. Y justo ahí, en el juicio final ejecutado por quien podríamos llama “la generación del mañana” es cuando toda la premisa bajo la que fue construida la historia se siente más real.

Francia, tan elegante, tan cultural, tan cerca de parecerse a México