Se podría pensar que las historias no tienen necesidad de ser readaptadas en un marco contemporáneo, o tal vez hemos perdido el asombro de ver historias que ya nos contaron y el volverlas a ver nos parece innecesario. Sin embargo, El hombre invisible, entre muchas otras cosas, ha demostrado lo importante que podría ser el que una película se reinvente así misma.

Esta nueva cinta protagonizada por Elisabeth Moss tiene más virtudes que defectos. En materia técnica se puede alabar la fotografía, la cual permite que el espectador fantasee con la idea de que un individuo invisible está en pantalla; esto claro, complementado con un montaje que persigue el mismo objetivo y que se siente todavía más real gracias a la actuación de la protagonista, quien ya tiene su fama por haber participado en The Handmaid’s Tale; y poco a poco ha ido demostrando su calidad y bagaje actoral.

La musicalización termina por convertirse en uno de los elementos más importantes. El director y su equipo tienen claro qué volumen es el correcto para cada atmósfera y escena, en qué momento se debe acelerar, y sobre todo, en qué momento es prudente que no haya música ni sonido. El silencio es uno de los mejores amigos en las películas de terror o suspenso, si se utiliza demasiado puede llegar a ser predecible, pero, cuando se tiene una idea de cómo montarlo dan resultados como los que logra El hombre invisible. 

En esta película quizá el guion sea lo más fuerte y a la vez lo más débil de su conjunto. Suena un poco contradictorio pero ya se los explico. El ritmo de la película y algunas situaciones presentadas se llegan a sentir lenta, como si en algún punto antes del clímax no estuviera ocurriendo nada relevante. Esto puede provocar que el espectador pierda interés en lo que está viendo y vea la oportunidad perfecta para irse al baño.

Por otra parte, las líneas dichas por los actores, en especial por el personaje de Elisabeth, son una indirecta a una sociedad en la que la palabra de una mujer es invalidada bajo las premisas “estás loca”, “estás exagerando”, entre otras.

A estas alturas, no es secreto para nadie que la nueva versión de El Hombre Invisible gira su premisa en el maltrato hacia las mujeres. Esto permite que la película se convierta en, además de un buen entretenimiento, en una crítica social a un problema que se vive alrededor del mundo. Con cada frase, puedes sensibilizarte más para ponerte en los zapatos de la víctima, como se siente y como se ve cuando nadie a en su entorno le cree y cómo es que los abusadores juegan con sus mentes.

El hombre invisible se ha convertido en una de las mejores películas en lo que va del año. Además de que ese final es la cereza perfecta para concluir una historia o para dejar abierta las posibilidades de que Moss continúe en el Dark Universe que tanto han intentado sacar a flote.

Si esperas salir horrorizado, esta película es la adecuada, no porque pueda haber alguien sentado a tu lado en este momento, sino porque el abuso, el maltrato y la violencia SON REALES.