Lady Bird: Cuando Greta Gerwig retrató mi adolescencia

Hace algunos años platicaba con mi profesor de literatura y filosofía sobre las quejas que hacían los viejos poetas a las nuevas generaciones. Los señalaban por no escribir sobre la guerra y enfocarse en lo que ellos consideran como temas insignificantes: la identidad del ser, problemas existenciales, la depresión y la ansiedad. Algo similar escuché sobre Lady Bird por parte de algunos críticos, quienes sólo lograron ver en el papel de Saoirse Ronan a una adolescente caprichosa, sin identidad, insufrible y malcriada que no tiene ninguna evolución a lo largo de la película. Lo que ellos no sabían es que ese personaje lleno de defectos era el retrato de mi ‘yo adolescente’.

Mi etapa ‘rebelde’ fue igual de catastrófica y evolutiva que la de Lady Bird. Sentía que lo sabía todo y que lo que le hacía falta a mi aburrida vida era una aventura, algo que me diferenciara del resto. ¿Lo tenía todo? Claro que no, pero, aunque no me faltaba nada, no era suficiente. Tenía ideales sobre cómo debía ser el amor –en mi mente lleno de drama, misterio y romance- y podía adaptarme para agradar al grupito de moda. A pesar de ello, no son todos estos detalles en los que me vi reflejada en Lady Bird. Lo que pegó en mí como un golpe de recuerdos dolorosos fue su guion, esas peleas con su mamá y las líneas escritas para la actriz que la interpreta.

Lady Bird”: Un camino circular - Cine y Literatura

Desde la primera escena vemos un momento tranquilo, en el que pareciera que tanto su mamá como Lady Bird son más parecidas de lo que creemos. Pero esta sólo era la calma que antecede a la tormenta, ya que termina por convertirse en una serie de gritoneos en los que sólo queda flotando una frase en la mente del personaje ‘No lograrás entrar a ninguna de esas escuelas’. Rara vez en las representaciones maternales ponemos en duda el amor de una madre hacia su hije, y el que siente la de Lady Bird por ella no es la excepción. Lo mismo con la mía, nadie dudaría que me ama con locura y haría todo por mí y, sin embargo, ha dicho ese tipo de juicios que quedaron marcados desde entonces a la fecha.

‘Tu cuarto es un desastre’, ‘Sólo piensas en ti’, ‘Tu padre está pasando un mal rato, eres una desconsiderada’, ‘¿Cómo pude criar a una hija tan petulante?’, ‘Hemos gastado tanto en ti’. Esto lo escribió Greta Gerwig para que la actriz, Laurie Metcalf se las gritara a Lady Bird al representar a su madre, pero ¿habrá alguna posibilidad de que nos haya espiado a mi mamá y a mí discutiendo? sobre todo, en esa escena en la que Ronan grita desesperadamente que le pagará hasta el último centavo que han invertido en ella una vez que tenga trabajo. Ese momento está cargado de significación sobre lo desesperante que es no cumplir las expectativas de alguien y no alcanzar la tan deseada perfección, sólo para que te contesten ‘Nunca juntarías esa cantidad de dinero’.

Esta relación pasivo-agresiva en el que pasas de estar feliz compartiendo un momento con tu madre a de repente estarse gritando porque una de las dos dijo algo que enfureció a la otra es algo que Gergwig y sus dos actrices principales entienden y desarrollan, al punto de que cada que la veo vuelvo a ser una adolescente que se pregunta ‘¿Qué tal si esta es la mejor versión de mí?’ cuando su madre se empeña en hacerle saber que podría ser mejor.

Tu primer cigarrillo no es como esperabas, tu primera vez no es como la esperabas, tus amistadas anheladas y estatus no son como esperabas; todo es un cumulo de éxtasis y decepciones que te impiden mantener una actitud de personaje agradable. Este conjunto de sentimientos lo experimenta Lady Bird durante una hora y media, mientras yo concuerdo con cada detalle teniendo regresiones al 2009, cuando era una adolescente malcriada tal como ella. Porque al igual que Lady Bird yo no fui a la guerra, no viví de cerca un atentado como para decir que lo experimenté en carne propia, no sufrí carencias de ningún tipo, y tuve amigas leales que aun en mis peores momentos y habiendo sido tan hiriente lograron dejar mi comportamiento atrás.

El final de Lady Bird es justo como cualquier momento madre hija termina cuando tocas fondo, al darte cuenta de que de alguna u otra forma tenía razón; las aventuras no son tan divertidas si te ponen en peligro. Tus raíces te hacen quién eres, tal como ese atardecer en Sacramento. No importa donde estés o con quién convivas no puedes huir de ese lugar al creciste llamando hogar sin importar que tan sofocante o devastador fuera a ratos; y entonces te das cuenta de que por mucho que gritara, el silencio de tu madre duele más que todas sus palabras. Pasar de ser Lady Bird a Christine es el paso más difícil y duro que las adolescentes caprichosas debemos dar.

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Y a pesar de que yo ya lo he dado, mi mamá me sigue describiendo y comparando con los personajes ‘reveldones’ de Gergwig representados por Saoirse, porque aún ahora, siendo más Christine que Lady Bird sigo siendo la que grita en medio de una reunión próvida que ‘No porque algo es feo lo hace moralmente malo… Si le tomo una foto a mi vaina cuando tengo la regla sería perturbador, pero no moralmente incorrecto’.

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