Mujeres de la Vida: La complicidad entre mujeres de la que no se habla

De un tiempo para acá mucho se ha hablado de cómo el feminismo y las representaciones de las mujeres no alcanzan a abarcar la diversidad que existe entre nosotras. Homogeneizar las vivencias, los problemas y los entornos que enfrentamos nos lleva a ser excluyentes, un pecado que no comete la cinta Mujeres de la vida. Al contar la historia de 3 mujeres de distintas edades -e inclusive de color de piel- el guion de esta película, a cargo de Anne Paulicevich, nos demuestra cómo es que, aunque vivamos en el mismo barrio o compartamos la misma profesión; nuestras problemáticas, miedos y dolores no serán necesariamente los mismos.


Los temas importantes que toca Mujeres de la vida son varios, todos resaltados con las líneas agudas que dictan los personajes, dejando entrever problemáticas sociales que ocurren en cualquier parte del mundo, por lo cual su lenguaje se vuelve universal y la empatía por sus protagonistas brota con cada una de sus historias. Y es que, ¿qué mujer no ha sufrido de acoso callejero?, más de una -y las cifras lo dictan- ha sufrido de acoso por parte de su ex pareja, ya sea físico emocional; cuantas veces no hemos escuchado a un hombre decir- en la realidad o en la ficción –‘¿y a quién crees que le van a creer?’, cuántas madres no han sufrido de los desplantes de sus hijos ingratos, o cuántas mujeres no han sido engañadas por un hombre que sólo quería un rato de placer. Esto y más es lo que viven Axelle, Conso y Dominique en tan solo unos cuantos días en los que toma lugar la película.


Su contexto no ayuda en nada a que su situación mejore. Sobraría decir que estas mujeres son sexoservidoras, pero resulta importante para describir la impotencia que muestran sus rostros cada que se enfrentan a sus realidades, como si sintieran que merecen mucho de lo que les pasa, como si no tuvieran otra opción; y a pesar de estas contraposiciones saben que ni ellas, ni ninguna mujer ‘son un pedazo de carne’ así que, cada que se presenta una oportunidad, se resisten a lo único que conocen y se hacen valer desde su adolorida trinchera.


Mujeres de la vida tiene un inicio desconcertante para después demostrar que es una cinta redonda, sabe lo que quiere decir y como decirlo; haciendo un uso interesante de su narrativa individual. Es decir, nos cuentan la misma línea temporal desde la perspectiva de cada personaje, para después converger en un tercer acto magistral que deja un mensaje claro: nos tenemos las unas a las otras. Sin importar que no nos entendamos del todo, que no vivamos las mismas experiencias, o inclusive, aunque a veces seamos duras entre nosotras, siempre seremos nuestras mejores y más leales cómplices.


En específico a estos malentendidos que llegan existir entre los personajes, dos escenas en particular resaltan que no es del todo nuestra culpa la manera en que a veces nos tratamos, y es más bien es la mirada que nos inculcado bajo este sistema patriarcal, la que habla por nosotras. En algún momento Axelle tiene un encuentro muy desafortunado con su ex, Conso sin conocer contexto comienza a hacer burla, a lo que su compañera responde con una furia desatada, pero es claro que no está enojada con ella y tampoco por lo que dijo, sino por todo lo que le ha pasado, sólo que a veces son nuestras ‘seres
cercanas’ las que pagan por lo que otros hacen, sobre todo cuando es claro que nada se puede hacer para que el atacante pague.


Siguiendo una línea similar, está el momento en que Dominique cuenta una historia extraña sobre lo más asqueroso que le hizo un cliente. Al final, una de sus compañeras la señala como ‘la rara o la loca’ a lo que otra responde: ‘¿Por qué le llamas así a ella si el enfermo es él?’, ¡Qué aprendido tenemos el señalarnos a nosotras antes que a los verdaderos culpables!, y qué necesario es que dejemos atrás estas prácticas sin importar en qué contexto vivamos.


En cuanto a técnica se debe agradecer lo poco explícito de las escenas sexuales. Una premisa con mujeres que trabajan en la prostitución tiende a ser la excusa perfecta para que los senos, los gemidos y la sexualización estén a la orden del día. Pero la mirada del lente siempre se centra más en el respeto y el juego de sus escenarios para no recrear
las escenas de manera tan obvia y burda.


Mujeres de la vida
tiene muchos aciertos, desde el planteamiento de problemáticas que en colectivo parecen reiterativas, pero en lo individual se ven como únicas, la representación de distintas vidas de un mismo género -eso incluye distintos tipos de cuerpos, color de piel y edades- y por supuesto el grito contundente de que, aunque no sepamos nombrarlo, la sonoridad es nuestra salvación y nuestra resistencia a un mundo que constantemente nos repite que siempre le van a creer al monstruo y no a la puta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .