Reseña | Free Guy, un huevito revuelto bien cocinado

Vivimos en una época complicada para la industria del entretenimiento, no sólo la pandemia ha venido a cambiar la manera en la que se producen y se consumen series, películas y videojuegos, sino que pareciera que más allá del bicho que nos ataca, también nos enfrentamos ante la tragedia de la poca originalidad.

Uno como espectador percibe que los grandes estudios ya lo han contado todo y que las historias se han agotado. Tan sólo hay que ver los estrenos de los últimos meses, que incluyen live-actions innecesarios y secuelas en las que sus personajes viajan al espacio, para dimensionar que estamos necesitados de novedades.

Y, quizás no todo es culpa de los estudios y nosotros como público caemos en el error de juzgar las películas por su póster sin darles la oportunidad de demostrar que son algo diferente. En esa categoría se encuentra la más reciente cinta de 20th Century Studios: Free Guy.

Protagonizada por Ryan Reynolds, la historia se centra en Guy, un NPC (Not Player Character?) -en idioma mortal: un extra de los videojuegos-. Guy es un cajero que vive su aburrida vida normal en bucle, sin cuestionarse nada, pero todo cambia cuando conoce a Molotov, una jugadora de la vida real que despierta en él una programación que no había desarrollado hasta ahora, y es ahí cuando cual código de videojuego, la película comienza a desarrollar una serie de mensajes existenciales y momentos divertidos que logran converger al grado de sentirse como una historia refrescante dentro de sus estándares.

Free Guy tiene elementos de todo tipo de cintas y géneros, y se puede definir como una muestra de que cuando todos están bien equilibrados pueden convivir entre ellos de manera orgánica. Por lo que por un lado, vemos momentos cómicos bobos, momentos tiernos y románticos, momentos profundos existenciales… cameos importantes y muchísimas referencias a la cultura pop en general sin que haya conflicto con el exceso de fan service.

A pesar de que todo está en un punto de ebullición perfecto, destaco las críticas sutiles a nuestro modus operandi de vida. El capitalismo, la traición, el romper esquemas, la razón de existir, la necesidad de hacernos daño como especie, la sed de poder, la falta de historias originales… en fin, el guion sin ser demasiado profundo cual película de arte, deja entrever que es mucho más que sólo entretenimiento barato.

Esto sin mencionar la preciosa historia de amor que hay detrás… porque sí, a veces es necesario sentir que alguien podría escribirte una carta de amor de una manera tan bella como lo hacen los personajes de esta cinta.

Como la estudiada de cine que soy, defino Free Guy como un huevito revuelto, compuesto por múltiples ingredientes y una pisca de sal que está en el punto exacto para hacerlo delicioso. ¿Por qué compararlo con un huevito revuelto? Porque no es una comida elegante, diferente ni fuera de lo común, todos hemos comido huevito revuelto, así como la narrativa que propone Free Guy no es nada nuevo ni ostentoso, pero como está tan bien preparado, se disfruta más.

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